Por Rubén Moreira Desde que le ganó a Fox la partida de su postulación, aun cuando éste alentó, calculador, que la mitad de su gabinete le apoyara, Felipe Calderón no ha tenido victoria alguna, ni siquiera a la hora de anunciar, con bombo y platillos, las aprehensiones de “capos” célebres cuyos confinamientos no han detenido, ni resquebrajado ni desmantelado, como tanto se ha dicho, a las grandes mafias criminales con presencia creciente sobre el territorio nacional. Ya hemos dicho que mientras no se exploren, dentro del aparato gubernamental –y, sobre todo, militar-, las interconexiones de los “cárteles” con algunos elementos de alto rango oficial, la lucha contra el narcotráfico estará perdida en los verdaderos campos de batalla. En fin, Calderón anunció, un semestre después de su inolvidable asunción presidencial a trompicones ante el azoro de los invitados extranjeros, que había cesado la crispación entre los mexicanos y contaba con el aval ciudadano, pretendiendo con ello una legitimidad jamás alcanzada. Y tardó dos años, en los que no fueron pocos los raspones y las insidias con otros panistas distinguidos incluyendo el ex presidente Fox, para conquistar a la dirigencia de su partido instalando a sendos personajes con carillas de monaguillos regañados: Germán Martínez Cázares y César Nava Vázquez, sus colaboradores cercanísimos –el primero fue secretario de la Función Pública y sólo tuvo tiempo para lanzar bravatas, perdiéndolas todas, y el segundo su secretario particular-, quienes apenas duraron al frente del desfondado PAN. Y, en noviembre de 2010, emergió Gustavo Madero Muñoz como reemplazo contra el señalado por el propio Calderón para suceder a Nava: Roberto Gil Zuarth, quien al ser derrotado por los consejeros panistas... arribó a la secretaría particular de la Presidencia, como una especie de trueque. Puros fracasos desde Los Pinos que los panegiristas del mandatario tratan de matizar con el sambenito de que “ahora sí” hay democracia y el presidente no lo puede todo. Falacia pura porque, de existir la tendencia que arguyen éstos, Calderón jamás habría metido las manos en su partido para convertirlo, mientras pudo, en un anexo de la casa presidencial. Igualmente, perdió escandalosamente en el Estado de México al encaminar a otro de sus ex secretarios particulares, Luís Humberto Bravo Mena, hacia el ridículo político más grave de cuantos tengamos memoria. El pobre hombre parecía, auténticamente, un anciano menesteroso en busca de sufragios imposibles. Y así se mantuvo, obcecado, durante los 45 días que duró la campaña por el gobierno estatal sin rebasar la línea de los quince puntos entre las preferencias ciudadanas. Un tercer sitio que señala el deterioro profundo de la imagen presidencial en las cercanías del Distrito Federal en donde el titular del Ejecutivo federal es repelente a la mayor parte de sus habitantes desde que fue llamado “espurio”. Para colmo, el experimento judicial, para tratar de formar expedientes contra los adversarios incómodos, le reventó en las manos con el caso Hank Rhon. Dicen que pidió, en una de las tardeadas habituales, un “ron rico” y lo fueron a buscar a Tijuana. Un fracaso de siete suelas. Y en la misma tónica resultó su encuentro con los miembros de la “Caravana de la Paz”. Puros desplantes para insistir en que él está bien... aunque no tenga éxito en nada. Debate Señor Calderón: Su insistencia en mantener sus políticas generales, sobre todo en cuanto a las matazones de civiles propiciadas por los enfrentamientos entre las minadas fuerzas armadas y los “cárteles” mejor pertrechados, no conduce sino a la desolación de la ausencia de gobierno. Y es necesario que, más allá de la soberbia presidencialista –un viejo virus del sistema que sobrevuela Los Pinos-, busque salidas alternas y rectifique, siquiera para que, en el último tercio de su gobierno como usted le nombró siguiendo la terminología taurina, no se le vaya el toro vivo a los corrales. En una autocrítica serena, le invitamos a ponderar el porqué de su debilidad política y personal ante los desafíos que plantea el presente. No hay éxito suyo relevante y, para colmo, sus estrategias para reducir a sus adversarios por la vía judicial –el caso Hank Rhon, entre otros- le han salido por la culata. Usted mismo aseguró que ni siquiera sabía del operativo; de ser así, ¿debemos entender que el ejército tiene fueros sobre la Presidencia y su Comandante Supremo? No habría peor escenario para México que el reconocimiento a que las Fuerzas Armadas se han impuesto a la institución presidencial lo que nos arrastraría, sin remedio, al México anterior a la década de los treinta y con los caudillos golpistas en pie de guerra. No sólo perdió usted, de manera rotunda, en el Estado de México, sacrificando a un ex dirigente nacional de su partido convertido sólo en su secretario particular, sino que, seguramente, le será imposible dejar su herencia, en Michoacán, privilegiando a su hermana Luisa María como aspirante al gobierno estatal frente a otros dirigentes mejor posicionados, dentro y fuera del PAN. Los caprichos políticos sólo se consuman cuando se tienen controles y usted no se caracteriza por ellos. En fin, cuando terminaba su campaña presidencial, planteó, en carta a sus hijos, cómo le gustaría que le recordaran en el año 2025. Ninguna de sus expectativas se cumplió y dudo mucho que en los meses restantes pueda avanzar siquiera en búsqueda de aquellos ideales que se llevaron los vientos mesiánicos de una presidencia siempre cuestionada por su pecado original. Comenzó usted proponiéndose como “el presidente del empleo” y terminará siendo reconocido como “el presidente perdedor”. Ni una, señor, ha podido ganar. Y esto es muy grave cuando ni siquiera sus adalides, en el gabinete, ni su “delfín”, marchan en buen sitio en la justa interna del PAN para seleccionar al candidato presidencial. Muy arriba van quienes no tienen el sello de Los Pinos y usted lo sabe. ¿Va a imponer a los consejeros a un presunto reemplazo sin capacidad alguna de aglutinamiento? Sólo esto le faltaría para culminar su secuela interminable de derrotas. De cualquier manera, en el 2012 su destino estará escrito. La Anécdota Vicente Fox puede ufanarse de un hecho que marcará el declive panista. En funciones de presidente, regañó a Felipe Calderón por adelantarse como precandidato –en mayo de 2004-, y le aceptó su renuncia como secretario de Energía casi dos años antes de la justa presidencial. Y, sin embargo, no tuvo la habilidad suficiente para asegurar el buen derrotero de su “delfín”, Santiago Creel Miranda, quien cubrió la secretaría de Gobernación hasta la hora de su lanzamiento como precandidato y luego se quejó porque, en el fondo, sintió que se privilegió a Calderón. Pero ahora, desde San Cristóbal, sí parece capaz, en calidad de ex presidente, de hacer lo necesario para que Creel, el mejor posicionado, llegue a la candidatura. ¿No es ésta una muestra palpable de que “el cambio” llegó aunque con retraso?¿O una demostración de que Calderón ha perdido el rumbo, para colmo?
martes, 12 de julio de 2011
Rubén Moreira : Fox antes y despues
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