viernes, 8 de julio de 2011

Blog Moreira : Pedro Ferriz presenta De ensueño, ¡México Sub 17 a la final!

  • México jugará su segunda final de un mundial sub-17 en seis años. La nueva versión de los “niños héroes” nos lleva a las puertas de la gloria

 

Por Pedro Ferriz

Cien millones de mexicanos vivieron una tarde de ensueño hoy en Torreón. La más reciente versión de los niños héroes ha escrito una de las páginas más brillantes en la historia del futbol mexicano. Once adolescentes, once niños, once chamacos llevaron al extremo de las emociones a todo un país. Hoy, México está en la final del Mundial por segunda ocasión.

El partido inició candente, con jugadas rápidas y buenos toques por parte del Tri Sub-17. Muy pronto, poco antes del minuto tres, ese dinamismo mexicano vio concretado su disparo de energía inicial cuando el héroe del partido, Julio Gómez, el número ocho, aprovechó un centro por la banda izquierda y remató dentro del área, un cabezazo certero que no pudo detener el portero alemán.

La esperanza creció desde el inicio. Las ilusiones por disputar el juego final se apoderaron del estadio y los muchachos verdes, muy “verdes”, pero con gran corazón y buen sistema de juego empezaron a dominar el encuentro. Las jugadas llegaban y se salvaba Alemania. Conforme avanzaba el reloj, los europeos comenzaron a equilibrar las acciones y a generar algunas jugadas de peligro.

No tardaría mucho en llegar el empate. El capitán Briseño no entra con seguridad y deja que Yasil dispare un tiro raso al ángulo derecho del portero Sánchez. Gol, empate, volver a empezar.

Al minuto 27, Yesil dispara fuera del área y apenas pasa desviado del poste azteca; al 37’, el genial Espericueta se quita a los defensores germanos y dispara al arco, que el arquero manda a tiro de esquina. Minuto 42, gran combinación de toques que Bueno culmina con la pierna zurda, y el portero vuelve a salvar.

Acaba la primera mitad. Los corazones mexicanos laten con fuerza. Las piernas alemanas agradecen el descanso. Los chavos, con la mente en donde debe estar, en la cancha.

Al reiniciar la batalla, el fabuloso Julio Gómez genera la oportunidad el segundo gol. Desborda por la banda derecha y centra para Espericueta, que remata asegurando ver el gol en el fondo de la red, pero nuevamente, el guardameta alemán vuela y salva.

El Tri juega bien, toca, maneja el encuentro, la siguiente diana parece que llegará pronto. Entonces, la desgracia. Minuto 59, Emre Can toma el balón y se va decenas de metros desde la media cancha, se libra de un mexicano, de dos, manda su toque de balón, Sánchez no achica lo suficiente, entra el balón a la red. Lo que empezó como ilusión se convierte en pesar.

Con solo 30 minutos restantes, la urgencia de emparejar el marcador apremia al “Potro” Gutiérrez a realizar cambios en su esquema de jugadores. Sale Arturo González, entra el confiable Giovani Casillas. Alemania también hace lo suyo y rota a sus guerreros.

Se va, parece que la final se nos va. El dominio inicial de la segunda mitad que ejercía el Tri se diluye y la concentración desaparece. Al 66’, otro cambio, pide el “Potro”. Sale Kevin Escamilla, entra José Tostado, integrado al ataque, con más movilidad sobre el césped. No es suficiente, el barco se hunde. La última carta es  Marcelo Gracia, que reemplaza a Marco Bueno.

Entonces, la selección mexicana comienza a recuperar el ritmo, la calma, la concentración y sobre todo, el toque de balón. Al aprovechar el cansancio teutón, el Tri se lanza al ataque y vuelve a dominar las acciones.

Tiro de esquina tricolor al 68’. El capitán Briseño remata y la defensa impide que Fierro tire a gol. De vuelta al ruedo, otro ataque. Tostado recibe el balón y dispara en grande pero Vlachodimos sigue siendo el héroe. Restan 16 minutos y la final comienza a verse lejana. A pesar de los embates verdes, el gol no cae, ese maldito gol que siempre ha hecho falta contra Alemania.

Entonces, un minuto después, como los mejores cracks del mundo, Espericueta cobra un tiro de esquina desde la izquierda que nadie puede detener, pega en el poste derecho y se mete a la portería. Gol olímpico. Grandioso. La forma en que México empata el marcador no la puede creer nadie. Las esperanzas regresan de golpe.

El 2-2 marca el inicio de un nuevo encuentro, aunque con una gran desventaja, pues Julio Gómez salió descalabrado en su intento por meter la pelota que Espericueta mandó en el tiro de esquina de su gol. Con diez hombres en la cancha, la selección mexicana aguanta unos cinco minutos. En tanto, Gómez es atendido de su herida que sangra con profusión.

México ya hizo sus tres cambios, imposible otro. El número 8 parece que no regresará al campo de juego. La ventaja parece alemana. Entonces, Gómez, cual soldado imbatible, se coloca en la lóinea de media cancha y pide al árbitro su reingreso. Entra a la cancha, el público enloquece, el país lo admira.

Después de un último susto de Alemania, con un disparo desde fuera del área que pasa por encima del arco azteca, los locales tienen otra oportunidad de gol. Al 89’, Gracia hace una jugada individual y dispara en lo que parece el triunfo, pero la mano salvadora de Vlachodimos se aparece y desvía a tiro de esquina.

Las emociones crecen. Espericueta lanza el tiro de esquina, Gracia logra peinar a primer poste y entonces, el muchachito que no se quebró luego de ser descalabrado, el que entró para jugar con mil vendas en su cabeza, observa el balón, hace una tijera, golpea la pelota y, en cámara lenta, se introduce a las redes alemanas.

El país entero explota en un grito de júbilo. México está en la final. El resto, es aguantar los varios minutos de compensación que agrega el árbitro debido al tiempo perdido cuando se lesionó el “niño héroe” Gómez.

Alemania tiene un chance final, Sánchez titubea pero la defensa mexicana rechaza entre la confusión. El árbitro pita la conclusión de la batalla. México gana. México jugará su segunda final de un mundial sub-17 en seis años. La nueva versión de los “niños héroes” nos lleva al ensueño.

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